Aunque se emplean diferentes clases de perros, el preferido por la mayoría de los pastores palmeros es el PASTOR GARAFIANO, resultante al parecer del cruce de razas primitivas, anteriores a la conquista de la Isla, con los traídos por los colonizadores a partir del siglo XV , sin descartar otras posibles influencias. Las características de este perro, al que los pastores solían llamar "perro lobo" son: alzada media de 1,25 centímetros; peso alrededor de 30 kilogramos; cabeza cónica y pequeña en relación al cuerpo; orejas de tamaño mediano, separadas y de implantación algo trasera y baja, pudiendo ser enhiestas, pero nunca caídas del todo, ni juntas; ojos pequeños de color castaño; patas largas y fuertes; pelo abundante, largo, lacio y de tonos melados, y cola poblada. Al igual que la cabra, es un animal no muy largo para poder revolverse bien en las riscos sin despeñarse.
Esta raza de perro, actualmente reconocida como autóctona, sufrió un proceso de degeneración por la admiración que despertaban los perros pastores alemanes a su llegada al Archipiélago. Los cruces llevados a cabo entre unos y otros dieron como resultado animales agresivos, duros con el ganado; de ahí el surgimiento de actuaciones en pro de recuperar la pureza de la raza.
El adiestramiento del perro se basa en la corrección de su propio instinto, que es atacar al ganado, su alimento. Reprendiéndolo cuando hace las cosas mal y premiándolo con caricias y halagos cuando las hace bien se consigue de él que aprenda a dominar a los animales sin hacerles daño. Un ejemplo de lo dicho puede ser la forma en que don Severo Pérez Mederos enseña a sus perros a respetar a las crías: acariciar al perro y al ganado delante de él cogiendo los chivos en los brazos para que vea que hay que quererlos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario